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Entre basura y discursos: cuando la realidad supera la narrativa oficial

Por Divagna Encarnación
- 3 min de lectura

Santo Domingo.- Las declaraciones del director de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo, Fellito Suberví, señalando que la principal causa de las inundaciones es el cúmulo de basura, vuelven a colocar sobre la mesa un argumento que la ciudadanía ha escuchado en reiteradas ocasiones. Un planteamiento que, aunque no carece de fundamento técnico, empieza a percibirse como un discurso agotado.

La población no desconoce su cuota de responsabilidad en la disposición inadecuada de residuos. Sin embargo, reducir el problema a un asunto de comportamiento ciudadano simplifica una crisis que es, en esencia, estructural. La gestión de desechos sólidos en el país presenta fallas evidentes: escasez de contenedores, rutas de recolección insuficientes y una logística que no responde al volumen real de basura que se genera diariamente.

En múltiples comunidades, la ausencia de puntos adecuados para depositar los residuos obliga a los ciudadanos a recurrir a vertederos improvisados. Esta práctica, lejos de ser una elección, es muchas veces la única alternativa disponible. En ese contexto, insistir en la concienciación sin garantizar las condiciones mínimas para una disposición correcta resulta contradictorio.

A esto se suma la percepción de ineficiencia en el uso de recursos. Millonarias inversiones en camiones recolectores no siempre se traducen en una presencia constante en las calles. La queja es recurrente: los equipos existen, pero no operan con la frecuencia ni la cobertura necesarias. La solución, según coinciden diversos sectores, no pasa únicamente por aumentar la flotilla, sino por optimizar su distribución y garantizar rutas más dinámas y efectivas.

En paralelo, el presidente Luis Abinader encabeza reuniones con organismos de socorro cada vez que se aproximan vaguadas o tormentas, en un esfuerzo por mitigar los efectos inmediatos de las lluvias. No obstante, estas acciones pierden impacto cuando no se abordan de manera sostenida las causas que agravan las inundaciones, entre ellas la deficiente gestión de residuos.

El discurso oficial insiste en reducir el uso de plásticos y fomentar la educación ambiental. Son medidas necesarias, pero claramente insuficientes frente a un problema que exige intervención estructural. La ampliación de rutas de recolección, la instalación masiva de contenedores y el aumento de la frecuencia del servicio no solo contribuirían a mitigar las inundaciones, sino que también podrían generar empleos en comunidades con alta demanda laboral.

El cansancio social es evidente. La ciudadanía no rechaza el diagnóstico, sino la falta de ejecución. En un país donde las lluvias seguirán siendo un factor recurrente, la diferencia no la marcarán los discursos, sino la capacidad de transformar promesas en soluciones tangibles.

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