La cañada de Guajimía: un problema histórico de insalubridad y riesgo latente en Santo Domingo Oeste
Santo Domingo Oeste, RD.— La cañada de Guajimía continúa siendo uno de los focos más críticos de insalubridad y vulnerabilidad ambiental en el Gran Santo Domingo, pese a promesas oficiales, intervenciones parciales y proyectos de saneamiento anunciados desde hace casi dos décadas.
Este riachuelo, que atraviesa varios sectores de Santo Domingo Oeste, ha representado durante años una amenaza constante para miles de familias que residen en sus márgenes, expuestas a inundaciones, enfermedades y contaminación ambiental.
Aunque la cañada de Guajimía ha sido históricamente un vertedero improvisado y un canal de aguas residuales, el primer intento formal del Estado para enfrentar la situación se inició en 2005, con la ejecución de la primera fase del proyecto de saneamiento. Sin embargo, estos trabajos quedaron paralizados en 2011, dejando la obra inconclusa y sin una solución integral.
Desde entonces, las intervenciones han sido intermitentes y parciales, sin lograr un impacto estructural que elimine el problema de raíz.
Una realidad que persiste
Entre los años 2021 y 2024, informes técnicos y denuncias comunitarias indicaban que alrededor del 80 % de la cañada permanecía a cielo abierto, con tramos convertidos en depósitos de desechos sólidos y aguas negras.
La acumulación de basura —incluyendo colchones, electrodomésticos, plásticos y escombros— ha reducido la capacidad hidráulica del cauce, aumentando el riesgo de desbordamientos durante lluvias intensas, lo que provoca inundaciones frecuentes en comunidades aledañas.
A esto se suma la proliferación de asentamientos humanos informales en las riberas, una situación que no solo dificulta los trabajos de saneamiento, sino que incrementa la exposición de las familias a enfermedades infecciosas, plagas y accidentes.
Impacto sanitario
Residentes de sectores cercanos denuncian que vivir junto a la cañada implica convivir con malos olores, mosquitos, roedores y brotes recurrentes de enfermedades respiratorias, gastrointestinales y dermatológicas, afectando de manera especial a niños y envejecientes.
“La cañada es una bomba de tiempo. Cada vez que llueve, vivimos con miedo de que el agua entre a las casas”, expresan comunitarios, quienes aseguran que la situación se ha normalizado sin que exista una solución definitiva.
¿Una solución en el horizonte?
Las autoridades han reiterado que el saneamiento integral de la cañada de Guajimía, junto con la reubicación de familias que habitan en zonas de alto riesgo, está proyectado para concluir en 2026. De acuerdo con estimaciones oficiales, estas obras beneficiarían de forma directa e indirecta a más de 350,000 habitantes del municipio.
El plan contempla el encajonamiento del cauce, la rehabilitación ambiental del entorno y la construcción de soluciones habitacionales para las familias desplazadas. No obstante, comunitarios y expertos advierten que el éxito del proyecto dependerá de la continuidad de los trabajos, la gestión adecuada de residuos y el control del crecimiento urbano informal.
Un desafío pendiente
A casi 20 años del inicio del primer proyecto de saneamiento, la cañada de Guajimía sigue siendo un símbolo de deuda social y ambiental en Santo Domingo Oeste. Mientras las soluciones definitivas continúan en agenda, miles de familias permanecen expuestas a un riesgo que se agrava con cada temporada de lluvias.